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PAÑUELO VERDE

Publicado en por Leave the gun, take the negroni

29 de marzo de 2012.

Tres nuevas conocidas de la facultad, futuras amigas, futuras compañeras de vida, futuras hermanas de alma se juntaron un jueves a la tarde a hacer el primer trabajo en grupo de la facultad.

Dos de ellas tenían 17 años, la otra 18. Pero las tres eran tres niñas-adolescentes-jóvenes recién llegadas a una nueva gran ciudad, lejos de sus familias y de todo lo "de siempre".

Después de mates, charlas, y poco estudio, decidieron salir a tomar algo por primera vez.

Recorrieron algunos bares de Recoleta. Se decidieron por uno frente al cementerio y luego de un par de Daikiris, más charlas y risas mientras iban conociéndose un poco más, un señor de pasados los 60 años, les invitó otra ronda de daikiris. 

Las chicas, ya entonadas, quisieron continuar la noche en un boliche de Palermo.

Las tres tomaron bastante. Se sentían libres. Se sentían nuevas, desconocidas. Y se divertían bailando sin verguenza.

Dos hombres de entre 28 y 35 años se les acercaron con botellas de champagne y tragos.

Las tres chicas, inocentes, aceptaron bailar y tomar con ellos. 

De a poco todo se fue volviendo cada vez más borroso. De a poco, todo se fue saliendo de control.

Una de las tres chicas fue al baño y al alejarse de las demás, y las perdió de vista. Mientras las buscaba se cruzó con uno de los hombres con los que estaban bailando. El muchacho la entretuvo charlando y luego de algún que otro beso, la convenció de ir a desayunar.

Dado que no encontraba a sus nuevas amigas y que no conocía mucho la ciudad como para andar paseando sola de madrugada, la joven aceptó la propuesta y se fue del boliche con el hombre.

Su siguiente recuerdo describía un lugar con luces tenues, cortinas rojas y sábanas de terciopelo.

Sus brazos parecían querer desprenderse de sus hombros mientras hacía toda la fuerza que podía para sacarse al hombre de encima. Por momentos estaba inconsciente. Pero cuando recobraba la compostura, todo su cuerpo se tensaba para hacerle entender al hombre que era chica, que todavía no había vivido esa experiencia y que no deseaba hacerlo, ni ahí, ni con él.

Luchó con todas sus fuerzas pero parecía que sus brazos eran de goma. Sus extremidades no parecían responder las desesperadas órdenes de su cerebro. 

Nuevamente cerró los ojos y aparentemente no pudo resistirse más.

Cuando volvió a abrir los ojos, estaba parada en el medio de una vereda. El frío del amanecer otoñal se sentía en todo su cuerpo.

El miedo, y la desorientación la inundaban. 

Caminó, como pudo. Y se acercó a una estación de subte donde le indicaron para dónde ir. Todavía un tanto borracha (y quién sabe, tal vez drogada) se dirigió a la casa de su nueva amiga. Debió ser un angel de la guarda quien la guió en su segunda semana, porque después de capaz una hora, capaz dos, logró llegar.

Cuando sus compañeras le preguntaron a dónde se había ido, les dijo que estaba desayunando en un café cercano al boliche. No sólo no las conocia y le daba pánico que la juzguen, sino que tampoco encontraba palabras para describir lo sucedido.

Y... si no era capaz de ponerlo en palabras para contárselo a ellas, ¿Cómo podría siquiera hacer una denuncia frente a policías desconocidos? ¿Cómo sabría que no la iban a juzgar o someter a conversaciones horribles?

Pasaron años. Por alguno de esos misteriosos motivos que la mente guarda para sí misma, esa noche se había esfumado. Se había borrado por completo de su mente y no tenía un sólo registro.

Cinco años después, leyendo un libro donde la historia le sonaba familiar, algunas cosas comenzaron a resonarle en la cabeza y algunos recuerdos comenzaron a resurgir, como un nombre: Patricio.

Claro que ya era tarde para tomar algún tipo de acción. Lo único que podía hacer, era seguir adelante, agradecer que tuvo suerte y que de aquella noche horrible no hubo más que secuelas psicológicas, (ni enfermedades ni embarazos). Su misión entonces era cuidarse y cuidar a sus amigas, hermanas, madre.

Cuando los que se denominan a sí mismos "PRO VIDA" dicen que ya el código penal contempla casos de violaciones frente a situaciones de aborto legal, no tienen en cuenta todo lo que una mujer violada sufre. No tienen en cuenta que hay miles de mujeres que no son siquiera capaces de poner en palabras a SUS AMIGAS lo que les hicieron. ¿Cómo pretenden que vayan a hacer una denuncia, a tiempo para que pueda ser probada y que esos embarazos se interrumpan legalmente?

Legitimar la interrupción de embarazos no deseados no va a aumentar ni disminuir embarazos no deseados. Simplemente va a proteger a todas aquellas mujeres que, de no ser así, terminarían sufriendo durante toda su vida por algo que les pasó y tal vez no fueron siquiera capaz de contarlo, de probarlo. Y eso sin siquiera mencionar a todas aquellas que directamente no pueden resistirlo y terminan abortando en centros clandestinos, de manera insegura, o acabando con su vida.

Ser partidario de la legitimación del aborto no es ser partidario del aborto. Es la defensa de la vida e integridad física, mental y espiritual de aquella mujer cuyos derechos ya se vulneraron.

QUE SEA LEGAL YA.

 

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